El piano libre

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Hace ya un buen tiempo que ando con ganas de escribir sobre parte de mi historia. No lo he hecho antes porque no he sabido cómo. Nunca he contado algo y no sé si seré capaz de trasmitir lo que me ha sucedido. Lo de las palabras es todo un reto para mi, pero lo intentaré porque mi alma así me lo pide.

Viví durante un tiempo en una casa en el campo, cerquita de un pueblo en el lejano oeste, de esos con bares a los que llaman salúns. En las películas los salúns tienen caballos atados afuera pero en estos tiempos hay motos estacionadas en lugar de equinos, y en la ventana está anunciado que tienen wifi.

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En ese entonces tenía un amante. Alguien que hablaba poco, pero no me hacían falta sus palabras para saber que me admiraba, ya que me trataba como si yo fuera su más preciada joya. Me acariciaba como nunca hubiera imaginado que fuera posible. Su sensibilidad hacía que aflorara lo mejor de mi, provocando que me asombrara de la magnitud de mi ser y me diera cuenta de la belleza que me habita y me constituye. Sus manos eran portadoras de delicadeza y fuerza al mismo tiempo, de sutileza y energía, en una gama amplísima de matices como sólo un gran artista puede demostrar. Sí, mi más grande admirador era un artista.

Luis Luizz, afinador de pianos

Podría seguir con este relato sin presentarme, pero mejor lo hago ya, de una vez, sin pensarlo más. Soy un piano de cola, y por cierto uno muy bueno. Tal vez algún músico haya sospechado que soy un instrumento de música desde el comienzo, pero seguramente muchos de los lectores se acaban de enterar. Hasta que llegué aquí no tenía decidido el título de esta historia, ya que si ponía algo así como “Piano, piano si va lontano” o “Guarda el piano” o “Mi piano y yo”, haría más evidente mi identidad desde el comienzo, algo de lo que no estaba muy seguro de querer, por timidez tal vez, o vaya uno a saber por qué. Pero, ya superado el trauma de mostrar mi vulnerabilidad, y viendo que el otro lado de la timidez bien puede ser el orgullo, me abro a que sepan quién soy. Voy a decidirme por el título de este relato ahora mismo. No, no es “Ahora mismo” aunque bien podría serlo. Se llama “El piano milagroso”, aunque en un rato tal vez lo cambie y le ponga otro nombre también acorde al tema de la música, como lo es, por ejemplo: “Acorde”. Me gusta que la palabra “acordar” en portugués quiere decir despertarse. Esta historia, mi historia y la de mi admirador, tiene todo que ver con despertarse.

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El artista de quien les hablo me compró nuevo, no como nuevo sino literalmente nuevo. Pasé un buen tiempo en una casa de música donde algún músico amateur que entraba me apaleaba un poco, aprovechando la oportunidad de tocar una joya sin tener que pagar por ella. Es raro eso de llamar “amateur” a quien no es muy experimentado en algo. Amateur sería más bien, alguien que ama lo que hace, y por lo pronto apalear un piano, no suena muy amoroso que digamos. Es más, suena muy mal. Mientras estaba allí expuesto a todo, mi memoria acerca de mi concepción se iba borrando y “ahora mismo” (sigue siendo un buen título) todo parece haber sido un sueño.

Sé que tengo materia de la querida Tierra, como es la buena madera, seguramente por el resultado del sacrificio de algún bello árbol. Imagino que ese árbol albergó nidos y hasta alguna casita de una ardilla o algún otro bichito simpático. ¡Cuánto habrá cambiado el entorno al ser talado ese árbol! Me resulta muy duro imaginar que esos animalitos quedaran de pronto sin casa, y que ya no crecieran musgo ni setas gracias a su sombra, ni se mantuviera una temperatura agradable para muchos seres del lugar.

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Por suerte mis teclas no son de marfil como solían ser en los pianos de antes. No me gustaría saber que para que mi teclado exista, algún elefante haya perdido la vida. Esto de la música tiene sus bemoles, nunca mejor dicho. Bemoles sostenidos en una rara dimensión donde tienen que desaparecer algunos seres para que otros emerjan. Tengo partes de metal como mis pedales, así como lo que se conoce con el nombre de “arpa”. También las cuerdas de diferente tamaño y grosor para que suenen las distintas notas. Clavos, arandelas y tuercas también tengo. Imagino el sacrificio de infinidad de hombres trabajando hasta el agotamiento en minas remotas donde se extraen los preciados metales.

oveja en el pianoTambién tengo fieltros hechos de lana de alguna oveja de vaya uno a saber qué parte del mundo. Puedo sentir a quien se tomó el trabajo de esquilarla, a quien hiló su lana, a quien la tiñó con tintura extraída de una planta que alguien más recolectó. Pienso en esa ovejita privándose de su abrigo, sin sospechar que un día parte de ella misma terminaría en un piano.Tengo aplicaciones de nácar extraído de caracoles de mar y algún tipo de plástico supliendo las teclas de marfil.

Bìa Truyên Nhūng

Poseo curvas, líneas rectas, ángulos, espacios vacíos y otros densos. Soy algo así como la reunión de muchos elementos del planeta, y el hecho de que exista es también gracias a una cantidad increíble de personas de distintas etnias.

Podría seguir detallando mi cuerpo por horas ¡Es que es tan perfecto! No me cuesta decir lo increíble que es porque carezco de ego, y simplemente puedo expresar lo que soy inocentemente. Soy el resultado del trabajo paciente de mucha gente de todo el mundo, a la cual le estoy infinitamente agradecido.

Sigo ahora mismo con mi artista (“Ahora mismo”, qué buen título). Un día llegó a la casa de música donde me encontraba, puso la banqueta a la distancia que eligió, se sentó y se quedó un rato sin hacer nada. Por un momento sentí que podía ser otro de esos que me apaleaban, pero entonces, noté su respiración. Ese instante de vacío antes de que sus dedos se posaran en mis teclas, me provocó una sensación desconocida.

pintura pianistaEntró en contacto conmigo de una manera que hizo que todo mi cuerpo vibrara antes de tocarme. Siento que ese fue el preciso momento en el que apareció mi alma. Sí, tengo alma, pero no la tenía antes de ese encuentro. Los pianos cuentan con una parte llamada alma, al igual que otros instrumentos como la guitarra y el violín, por nombrar algunos que conozco. Pero, al decir que en el momento en que me tocó apareció mi alma, me refiero al Alma, con mayúscula. Por eso este artista es mi músico, es quién me despertó para siempre. Lo considero mi músico de cabecera, como si de un sanador se tratase, ya que justamente eso es, además de un gran artista. Cuando se poseen ambas cualidades, entonces estamos en presencia de un ser especial, alguien que es uno con la música, alguien que es la música misma.

JAZZ_PIANO_MODERN_ABSTRACT_ORIGINAL_OIL_PAINTING_Mark Kazav BY_KAZAV-1416011003mSé que hizo un gran sacrificio para comprarme, pagando muchas cuotas por un largo tiempo. Ya sabemos que los músicos, salvo unos pocos, llevan una vida bastante austera y todo lo que tienen y hasta lo que no tienen lo usan para comprar instrumentos. Se empeñan en tener lo mejor y a veces empeñan lo que sea para lograrlo. Entonces, se imaginarán cómo los músicos quieren a sus instrumentos. Para muchos, son una prolongación de su ser.

Recuerdo cada segundo del viaje en que me llevaron a su casa. Seguramente le debe haber costado una fortuna. Muy protegido iba yo, pero igual se me movió el esqueleto y llegué bastante desafinado. Dicen que es normal, que el movimiento y cualquier cambio de temperatura me alteran, pero vuelvo a estar en forma con una sesión de alguien que sepa lo que hace. Mi músico sabe lo que hace; tiene algunas herramientas y llaves para afinarme, cosa que viviendo en el campo se vuelve imprescindible. No hay afinadores de piano en la zona y que venga uno desde la ciudad es un lujo que se dio sólo un par de veces desde que me llevó a vivir con él.

piano, avesEn esa casa me sentí feliz, me sentí especial y útil. Mi músico me tocaba a diario, en distintos momentos del día y de la noche. A veces venía gente a visitarle y él tocaba para ellos. También me usaba para grabaciones de sus propias composiciones o de músicos que venían a grabar con él. Mi sonido está en varios álbumes y videos de gente muy variada de todo el planeta, algunos bastante famosos. Fue un gran momento de mi existencia en el que tuve la posibilidad de dar lo mejor de mi cada vez que se me “usaba”. Nos íbamos conociendo más y más. El encontraba cómo me gustaba sonar y yo comprendía también lo que él me invitaba a hacer. Nos íbamos tornando un solo ser para que la música se hiciera presente. Yo sentía que respiraba a través de él y el aire se transformaba alquímicamente en música que traspasaba dimensiones. Las notas que no tocaba eran tan o más importantes que las que sí hacía sonar. Entendí con él el valor del silencio, sin el cual la música no es posible.

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Podía tocar muchos estilos como jazz, rock, samba, clásico y tantos otros, pero también podía “quitarse del medio” y salirse de los casilleros de géneros conocidos, para que surgiera lo nunca antes tocado. Meditaba a diario y se notaba que lo hacía en su manera de tocar. Como decía, el silencio era fundamental en su sonido. Con esto no quiero dar a entender que la música no pudiera ser incluso muy rítmica y bailable, ya que mucha de ella realmente lo era. Cuando uno conoce verdaderamente el silencio, éste está presente también en cada nota; no existe uno sin el otro, sino que pasa a estar integrado y la música entonces accede a la posibilidad de ser lo que realmente es, inexplicable con palabras y multidimensional.

pianooooSiento que solo alguien que está cómodo en el silencio puede realmente vibrar con la música. Cuando un músico puede dejar de tocar su instrumento e incluso dejar de oír música por un determinado tiempo, algo se reacomoda. El vaciado se vuelve imprescindible para que lo nuevo aparezca. Uno simplemente comienza a oír de otra manera, no con los oídos como los conocemos, sino a través de todo su ser. Es como si fuéramos una gran oreja. Siento tanta fascinación con este tema, y ¡cómo no va ser así, si para la música he nacido! Al igual que mi músico, quien nació en esta dimensión por amor a ella, sin ningún lugar a dudas.

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Puedo suponer que cualquiera que oiga esta historia de amor a la música, no se imaginaría que estos dos, músico e instrumento, fueran a separarse jamás. Pero sí sucedió, no porque así lo quisieran sino por un muy triste evento que ocurrió en sus vidas. Me cuesta contarlo porque revivo la tristeza que me provocó en ese preciso momento y en los momentos que siguieron a ese. De todos modos voy a intentar relatarlo lo mejor que pueda. Haré lo posible por trasmitirlo tal como fue, una gran historia.

Mi músico emprendió un viaje al otro lado del océano, pues había sido invitado a grabar con un cantante que deseaba que se quedara en su casa donde ensayarían y grabarían. Mi adorado artista estaba separándose de su esposa, con quien no tenía una relación saludable desde hacía ya tiempo. piano paintingAmbos acordaron hacerlo y ella consiguió un novio rápidamente. Los detalles de esta parte de la historia no son necesarios, pero sí es importante que sepan que al emprender ese viaje, él estaba dejando ir el pasado, con rumbo a lo desconocido, guiado por su propio espíritu y fluyendo en un torrente de energía que lo llevaba lejos de allí por un tiempo, ansiando encontrarse con su alma. Ya no podía ser él mismo en esa vieja relación. Creo que sólo lo lograba cuando estaba conmigo y con la música. Ni ella ni yo le pedíamos explicaciones de nada o le discutíamos por cualquier cosa. Lo dejábamos ser quien realmente es, y por esa razón la comunicación era armoniosa y la magia sucedía. Cada momento juntos era nuevo. No existía la pegajosa sensación de pretender saber cómo es el otro, sino que todo era sorpresa. ¡Qué agradable es vivir así! Yo diría que es lo normal y no como casi todos viven, si es que a eso se le puede llamar vida.

más pianos

Ya volvería a ocuparse de sus pertenencias, principalmente de mi y de su estudio de grabación. Como parte de un acuerdo amistoso, supuestamente quedábamos protegidos en la casa en la que aún pagaba parte del alquiler por un tiempo. Yo permanecía cubierto y en silencio, en estado de contemplación. Se había despedido de mi con una música sublime que quedaría como alimento para mi ser, por el tiempo en el que estaríamos alejados físicamente.

Su viaje tuvo contratiempos y situaciones inesperadas, pero llegó a destino, a pesar de que un volcán hizo erupción en Islandia y muchos aeropuertos estaban cerrados porque las cenizas habían viajado miles de kilómetros.otro volcan dibujado Fue un milagro que no haya tenido que regresar luego de cruzar todo el país para tomar el avión a Europa, desde Nueva York. Allí le informaron que todos los vuelos habían sido cancelados, y que podían pasar muchos días antes de que pudiera viajar, ya que había una larguísima lista de espera por esta catástrofe. Cuando ya se estaba haciendo a la idea de que debía volver al Faruést y que todo su sueño de salir de allí se desvanecía rápidamente, algo inesperado sucedió. La persona detrás del mostrador le mostró una amplia sonrisa y le dijo que había sucedido un milagro. Alguien había llamado para cancelar su viaje, tal vez temiendo que los aeropuertos en Europa no se abrieran en largo tiempo. Mágicamente su nombre apareció primero en la lista de espera y así él podría ocupar ese lugar al día siguiente. Durmió en el hotel del aeropuerto, su avión logró zarpar, cruzar el océano y aterrizar en Barcelona, cuyo aeropuerto había abierto la posibilidad de aterrizaje por tan solo algunas horas. Al llegar, su anfitrión lo esperaba feliz.

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A los pocos días de su estancia en Barcelona, recibió un mensaje de su ex diciendo que necesitaba dinero y que había puesto su piano a la venta, sin más explicación. El piano que era suyo y que había pagado con su propio dinero, mes a mes, sin faltar nunca a una cuota y trabajando muchas horas en proyectos aburridos para los cuales estaba sobrecalificado, con el solo propósito de acceder al instrumento que tanto merecía, ¡se vendería sin que él estuviera allí ! Sé que debe haber sido muy duro enterarse así de esta horrible noticia. No podía hacer nada, estaba lejos como para poder llevar su piano a un sitio seguro. ¡Qué impotencia habrá sentido, y cuánta pena por esta traición! Protestó, suplicó, rogó a esta mujer que por favor no hiciera algo tan cruel con él. Pero sucedió, el piano le fue robado y vendido. No tuvo ni la chance de saber quién lo había comprado. Su instrumento más preciado, su gran amor, ¡vaya uno a saber a dónde había ido a parar!

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Lo que sigue es una innumerable cantidad de eventos que conozco y otros tantos que me he imaginado. Sí, ya lo saben, los pianos, al menos yo que tengo Alma, tenemos también una gran imaginación. Imaginé el reencuentro con mi adorado artista cada día, cada hora, cada minuto de los que siguieron a mi venta. elefante con alguien Sentí, o imaginé que me buscaba desesperadamente en sus sueños cada noche, viajando por el mundo para encontrarme.

¿Cómo podría él saber que me habían vendido por la décima parte de mi valor a un restaurante de cuarta categoría de la ciudad? ¿Cómo sabría que allí, cada noche, alguien que creía ser músico me tocaba sin amor, porque sólo lo hacía para poder llevarse un dinerito a casa, y una cena gratis en la cocina?

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Nunca me afinaron, ni siquiera luego de que me transportaran a ese horrendo lugar, así que a la falta de amor de aquel pretendido músico se sumaba lo desafinado que me sentía. Me ponían copas de vino, vasos de whisky encima mío y había cenizas de cigarrillo dentro de mi cuerpo. También algún billete de propina que había caído dentro de mi, sin que el musiquito lo notara, o algún papelito con un número de teléfono, seguramente para que el supuesto pianista fuera a tocar a alguna fiesta de esas en que los “artistas” (entre comillas) se tienen que disfrazar de gente fina, poner buena cara, tener buena actitud, tocar Cumpleaños Feliz o un vals para los novios que se divorciarán pronto. El resto del tiempo solo tienen que ser ruido de fondo con melodías gastadas, mientras los invitados gritan al mismo tiempo en vez de conversar, para así poder oírse a ellos mismos y no a quienes tienen enfrente.

paul brentNadie en esas fiestas ama la música por lo que es, sino que pasa a ser un entretenimiento. Esas personas viven una vida tan aburridamente de mentira que necesitan ser entretenidas para poder seguir sobreviviendo. Los temas musicales tienen que ser viejos y conocidos porque a nadie le importa realmente la creación. A nadie le interesa vivir el momento, el instante presente, o ya no saben cómo hacerlo porque prefieren seguir los mandatos de la sociedad enferma en la que actúan sus patéticos personajes, pretendiendo ser algo que no son.

Empecé a sentirme mal, empeoraba cada día y sentía que la vida se me iba en ese horroroso espectáculo de gente borracha y falsamente contenta, en un intento de matar el tiempo hasta llegar al cajón. Casi no me quedaba energía y la tristeza era tan profunda que ya ni podía sonar. Mi caja de resonancia estaba llena de desamor, además de mugre. Dejé de servir, dejé de ser un ser viviente para convertirme en un sirviente, y luego en “algo” inútil.

Un día no muy lejano a que me llevaran allí, cambiaron al pianista por un guitarrista que, obviamente, ocupaba menos lugar que yo. Cuando me quitaron de ahí, seguro había lugar para varias mesas más, que era lo que obviamente querían. Muy probablemente más adelante, hayan sacado también al guitarrista y la música de fondo saliera directamente de una estación de radio con reclames incluidos. Todo iba en decadencia, incluyéndome. Aunque para ser apaleado sin amor, era preferible morir al sonido.

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Mi nuevo destino: un depósito de cosas viejas donde ni siquiera se me veía. Había coches, heladeras, lavarropas, todo herrumbrado y en desuso. El único que se percató de mi existencia allí y se apiadó de mi fue un gato que venía a dormir su siesta encima mío. A veces yo sentía que si mi tapa estuviera abierta, al menos ese gato tal vez se animara a pasearse por mis teclas y de ese modo me haría sonar y mágicamente, mi músico me oiría y vendría por mi. gato durmiendo en tecladoPero también, de a poco, iba soltando la idea de que nos volveríamos a ver, ya que la fe se iba haciendo más y más tenue. Dice el refrán que “la fe mueve montañas”, y aunque las montañas sean más pesadas que un piano, nunca se oyó que la fe mueva pianos. Quién sabe cuánto tiempo estuve en aquel galpón al que nadie entró jamás. Yo lo sentí como una eternidad. El día se diferenciaba un poco de la noche por algunos rayos de luz que entraban por agujeros en el techo.

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Un día, por fin distinto de los demás, el viento empezó a soplar y soplar cada vez más fuerte, haciendo que el galpón se moviera muchísimo, hasta que en un momento una turbonada arrancó el techo seguido por las paredes que volaron cual papeles en el último día clases en el liceo. Se preguntarán cómo sé que los estudiantes arrancan las hojas de sus cuadernos y las arrojan al aire al final del curso, a pesar de nunca haber sido un piano de liceo. Es porque de alguna manera misteriosa, todos los pianos estamos conectados con nuestros antecesores como si de una familia se tratara, y si pudiéramos hacer bien lo que vinimos a hacer, estaríamos compartiendo información con la colectividad de pianos del mundo. Pero, como por lo general, no podemos desplegar nuestra belleza sonora, salvo algunos de nosotros y en muy contadas excepciones, esta mágica conexión se pierde y cada uno está solo, sobreviviendo en un mundo donde la verdadera música es un lujo para pocos. Esto es principalmente porque le han tapado los oídos a la gente con ruido al que llaman música, y ya casi nadie puede distinguir la basura de la belleza.

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El galpón en el que me encontraba estaba al borde de un canal donde corría un buen caudal de agua. Era un río atrapado por cemento en ambas márgenes, al menos en ese tramo. Al viento y a la turbonada que arrancó techo y paredes, se agregó una lluvia torrencial tan fuerte que el canal empezó a desbordarse rápidamente. Yo sentía terror de desaparecer en medio de esa tempestad, pero a la vez algo sucedió que hizo que el temor no me afectara del modo esperado en una situación tal. No dejaba de sentirlo, pero algo había cambiado. Es que nuevamente podía sentir que mi Alma me acompañaba. Pensaba que ya no estaba allí, que había decidido irse porque mi vida en aquel galpón era casi inexistente, pero la tormenta la despertó y súbitamente cobré vida y la sentí de nuevo.

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El agua empezó a llegar a donde estábamos los coches, las heladeras, las cocinas, los lavarropas y yo. ¡ Vaya uno a saber adónde fue a parar el gato ! Nunca llegué a agradecerle por sentirse cómodo encima mío y por brindarme un poco de su atención, aunque tan solo fuera porque necesitaba un lugarcito donde dormir. El torrente se hizo más y más intenso hasta que lo guardado en el galpón empezó a irse con el río, que ya dejaba de ser un canalcito para tornarse en un gran ser viviente que se lo llevaba todo, incluyéndome. Un piano que una vez fuera movido con seis fuertes hombres se iba con la corriente como si se tratase de una pluma. Había una gran variedad de objetos yendo en la misma dirección. Aquello era un caos pero a la vez, había una cierta armonía surgida, tal vez, por la energía de esta gran limpieza que se estaba llevando a cabo.

tobias fonseca¿Dónde iríamos a parar? Nadie lo sabía. ¡Qué más daba! Luego de esa etapa de quietud forzada que durmió a mi Alma, este mojado renacer no dejaba tiempo para mirar atrás. El pasado se iba borrando, el futuro llegaba instantáneamente en cada milímetro y sólo fluir era lo que quedaba. Seguramente más de un pianista sentiría mucha pena al ver a un buen instrumento en el agua, sabiendo que se estropearía rápidamente y probablemente nunca más podría sonar como lo había hecho o que se destrozaría en pedazos si encontrara rocas u otros objetos pesados en el recorrido. ¡Y vaya si había objetos pesados !

JAMES EADSNo podía saber lo que había por delante. Tal vez era mi muerte que estaba muy cerca y debería estar aterrado, pero no lo estaba. Todo aquello era como una película cuya trama se estaba creando en el momento. Además de yo ser el actor principal, empecé a sentirme como el guionista, la persona detrás de cámara, el iluminador, el sonidista y el director, todos a la vez. Siendo el guionista tenía la posibilidad de crear la trama que se me antojara, aunque todo sucedía tan rápidamente que no me daba tiempo a pensar en ningún guión. Siendo el actor, podía interpretar ese guión, si existiera, de acuerdo a mis dotes actorales o también a la falta de ellos. Podía ser un actor serio o un comediante de primera si el director así lo quisiera. Siendo el director, podía dirigir al actor principal y a todos los actores secundarios a mi antojo. Podía comunicar al cameraman, al iluminador y al sonidista lo que me imaginaba, dándoles libertad de acción para sacar el mayor provecho de sus talentos y así crear una obra maestra, un clásico de todos los tiempos. Pero ¡qué trabajo tener que aprender todos estos roles que no había desempeñado antes, mientras estaba yéndome con la corriente, en medio de heladeras, cocinas y vehículos pesados que súbitamente se convirtieron en acuáticos! El torrente era de tal magnitud que el peso de los objetos no era un problema para la flotación.

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A la vez, toda mi vida pasaba en mis pensamientos. Cada instante, desde que cortaron el árbol de cuya madera me hicieron hasta entonces. Todo, todito, incluso memorias escondidas que de pronto aparecían. Claro que también estaba incluida la música que surgió de mi músico y yo. Sonaba y sonaba tanto en mi Alma que se empezó a hacer más audible. Y más y más y mucho más…. No es que estuviera a un volumen tan alto que distorsionara sino que sonaba cada vez mejor, acompañada por el sonido de la correntada y el viento. No cabían dudas de que esa música era la banda de sonido de aquella película que podría haberse llamado “Piano Río” por ejemplo, haciendo alusión a los Piano Bar donde suelen tocar los músicos en busca de algún dinerillo. Podría haber sido también “Lo que el río se llevó”, “Con la música a otra parte”, “Porque el río así lo quiso”, “Corriente musical”, “Música corriente”, o tantos otros impactantes títulos que se asoman para ser tenidos en cuenta. Queda abierto este espacio para sugerencias de nombres para esta película que, seguramente, podría haber sido un gran éxito de taquilla, y quien sabe, un día lo será.

teclas, arboles

Así como vino, la lluvia se fue y el cielo comenzó a despejarse de nubes. El río tomó un par de curvas más y luego de la última, me dejó en una orilla arenosa. Ahí quedé asegurado a la arena, viendo la correntada pasar y sintiendo el masaje del agua en mi cuerpo. No sé cuánto tiempo habrá pasado hasta que el agua finalmente bajó y quedé completamente fuera del cauce del río.

Me sentía espléndidamente, renovado, limpio por fuera y por dentro. Sabía lo que era la humedad ambiente, pero ahora conocía lo que era estar empapado. Aunque sentirme así de mojado, me generaba sensaciones que venían de recuerdos de algo así como una vida pasada.

logs y keys

Tal vez fuera que la madera con la que me hicieron hubiera sido transportada en forma de troncos flotando en algún río, como suele hacerse todavía. Mi travesía hasta ahí no había sido incómoda, a pesar de la intensidad. Quizás sea porque para mi ser, esto de flotar no era nada nuevo.

El sol secó rápidamente mi piel y de a poco empecé a sentir que el calor llegaba más profundo. Nada me preocupaba, no tenía ideas o pensamientos. No tenía planes de cómo salir de allí ni sentía la desesperación de saber qué sería de mi. ¿Podré sonar otra vez, alguien me verá y me llevará ? No tenía estas preguntas, ni otras. No tenía respuestas, ni emociones ni sentimientos, pero me sentía vivo de nuevo. Sabía que no estaba muerto, estaba seguro de que no había cruzado el Gran Rio como los originales de esa zona se refieren a la muerte. Me había fundido con él, no teniendo otra chance que la de dejarme llevar por la corriente.

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Llegó el atardecer pintando el cielo sin estilo alguno y seguidamente la noche más estrellada que jamás haya visto. Claro que era mi primer noche afuera, ya que nadie deja un piano a la intemperie más que por algunas horas para un concierto al aire libre. Nunca tuve esa ocasión y siempre estuve con un techo por encima. El aire fresco traía sensaciones de todo tipo, despertando sentidos que nunca antes había tenido, o de los que nunca me había percatado. Los aromas que me llegaban me hacían cosquillas por todos lados, como si quisieran integrarse a mi cuerpo. Me sentía como si fuera una especie de imán sin polos opuestos, atrayendo sutiles y refinadas cualidades del cosmos, desde lo más cercano hasta lo más remotamente lejano. A la vez sentía que emanaban de mi, como si yo fuera la fuente.

cielo estrellado

Empecé a notar que una de las estrellas presentes esa noche estaba conectándose conmigo, enviándome una frecuencia que desconocía hasta el momento. Esa conexión provocó algo así como si yo estuviera sonando sin que nadie me tocara. Empezó siendo una vibración única y se fue tornando en una música indescriptible, sin ningún tipo de categoría que yo conociera. No sonaba como de este mundo, pero a la vez sonaba en mi, en este mundo. Tenía también la sensación de que había alguien en algún sitio lejano en la Tierra que la estaba oyendo al mismo tiempo que yo, y que ese alguien también sentía que yo la oía. ¿Por qué esa música me llegaba desde esa estrella en particular y me conectaba con ese otro ser que también la oía? No es una pregunta que me haya hecho en ese momento, ya que como les decía, no me surgía pregunta alguna. Tal vez fuera por ese mismo motivo que estuviera sucediendo algo así, ya que sin necesidad de interrogantes ni de respuestas, me encontraba conectado a todo y no enfocado en algo en particular.

Peter Rodulfo

El lugar donde me hallaba podía estar en cualquier planeta, en cualquier parte del Universo, en cualquier dimensión, en cualquier línea del tiempo o fuera de él. Todo sucedía simultáneamente, por lo que cualquier cosa podía aparecer ante mi de forma instantánea. No necesitaba que alguien tocara mis teclas para accionar el mecanismo con el que podía surgir una pieza musical. Era la música misma que surgía del contacto con esa estrella. Esa estrella no era una bola gigante de fuego sino que era una entrada al infinito que, al enviarme esa misteriosa música, me estaba abriendo la posibilidad de sentirme uno con todo. Si no oía otras músicas era porque esa, en realidad, ya contenía toda la música del Universo. Podía desplegarse en infinitos fractales que me llevarían de paseo por toda la creación, a través del sonido.

eads, teatro

De pronto, sin que nada previo haya sucedido y sin que hubiera percibido ser transportado a sitio alguno, me encontré en un teatro increíble, el más bello que hubiera podido imaginar. Allí estaba, en el medio del escenario, frente a una audiencia en el más absoluto silencio. Una audiencia abierta a recibir la música más sublime que jamás alguien haya oído antes, al menos través mío.

camioneta¿Cómo llegué allí? ¿Será que durante mi estado de vacuidad o completitud, alguien me haya encontrado y transportado en una vieja camioneta, recorriendo caminos de tierra y de piedra con subidas y bajadas, con curvas y más curvas, para luego ponerme en un tren que me llevaría a un puerto donde habría un barco que cruzaría los océanos para arribar a un sitio lejano donde alguien me esperaba dispuesto a repararme y entregarme a otra persona que me llevaría a esa sala repleta de gente amable y agradecida por mi presencia? Pausa para respirar… ¿Será que toda una larga cadena de peripecias similares o totalmente diferentes a las que ya había vivido, se presentaron en mi vida y que en ese estado de dicha permanente en el que me encontraba al borde del río, no tuve conciencia de experimentar y luego recordar? ¿Por cuántos lugares habré pasado, cuántas personas habrán ayudado a cargarme, a embalarme y a cuidar de que no me dañara en toda la travesía hasta ese teatro?

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¿Será que un objeto volador que transportaba una congregación de seres de varios planetas me llevó a recorrer varias galaxias mientras arreglaban todo mi mecanismo, dejándolo en condiciones inimaginablemente superiores a las que originalmente tenía? ¿Será que una ballena albina me tragó, luego de que fuera arrastrado nuevamente por la corriente rumbo al mar, y que dentro de esa ballena habitaba un mago que al sacudir su barba de coral y sal marina, hiciera que la música que sonaba en mi me teletransportara a ese teatro?

globo 3¿Será que un niño feliz que viajaba con un loro en su hombro en un globo aerostático me rescató subiéndome a dicho globo? ¿Y será que ese niño feliz tocaba invenciones de Bach a tres voces en mi cuerpo, mientras viajábamos por encima de la selva y al final de la última invención desapareció de pronto, dejándome en ese auditorio?

¿Será que un orangután azul con gafas de aumento venía en una canoa que había desatado de un árbol frente a una comunidad de Yanomamis sin que éstos se dieran cuenta, y que viéndome allí, se detuvo a investigarme con curiosidad? ¿Habrá podido ser que al poner su pata en mi pedal derecho hiciera que me desmaterializara para al mismo tiempo materializarme en el teatro?

gato bajando a las teclas¿O que el gato que dormía encima mío en el galpón de pronto abrió mi tapa desde dentro, ya que había estado allí resguardándose durante toda la tempestad, y que con su ronroneo provocara mi salida del borde del río y mi aparición frente a esa maravilloso público? ¿Podría ser que durante la correntada hubiera quedado enredada a una de mis patas una red de pescar que atrapaba un aparatito que había caído del cielo al mar, y que dicho artefacto servía para achicar, y entonces un mejillón de río que estaba en contacto con él, al abrirse para sacar la arena que le molestaba, escupiera un caracolito diminuto que oprimió el botoncito del aparato, convirtiéndome en un piano microscópico que fuera lanzado por el estornudo de un dinosaurio marino directamente al escenario en cuestión? También, y por qué no, podría haber sucedido que un terremoto de escala tan grande que no fuera posible medir, haya provocado la grieta más profunda imaginable y se haya llevado toda esa parte del mundo donde me hallaba, a otra parte del mundo.

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¿O será que un saxofonista que viajaba en la trompa de un elefante que tocaba una corneta que al sonar activaba una máquina del tiempo en su oreja izquierda, la accionara sin querer cuando dicho elefante se asustó al ver un escarabajo subiéndose a su trompa? Son tantas las posibilidades y combinaciones que siento detenerme aquí un momento para estar abierto a recibir las que me lleguen de vuestra imaginación. Por eso elijo entonces, hacer una pequeña pausa.

Agradeciéndoles por la cantidad de posibilidades tan creativas y fantásticas que me han enviado telepáticamente en este breve recreo, sólo me resta aceptar entonces que lo sucedido fue que de pronto, me encontré viviendo la multidimensionalidad de mi ser. Mejor dicho, siéndola. De ese modo, la música que sonaba en mi sonaba también en distintos lugares y distintas épocas al mismo tiempo. Entonces, estando en el escenario en ese teatro, aún estaba al borde del río, como también dentro de la ballena y en el objeto volador, en un tren cruzando el desierto, en la parte trasera de una camioneta vieja, en un barco cruzando los océanos…

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Estando en estado total, incluyéndolo todo, ya nada era algo o lo otro, sino algo y lo otro.

colibriTambién yo, el piano, era en el ala de un colibrí y en el suspiro de un enamorado, así como en el aroma de un té de hierbas en casa de alguna anciana sabia que sabía que era sabia y quien también oía la música de la que les hablaba.

Estaba, o mejor dicho era donde causa y efecto no existen y simplemente aparecí en el escenario del teatro habiendo llegado de ninguna parte ni recorriendo distancia alguna.

piano arbol

Quien expresa estas reflexiones no soy exactamente yo. Es algo que tal vez fui y que se ha quedado un rato más, o ha aparecido al iniciar este relato, dedicándose a contar esta historia. También, de alguna manera soy ese, pero en otra vibración, en otra afinación, en otra atención sin tensión. Sí, ya sé que suena raro. Pero queridos amigos, ¿hay algo que no sea raro y misterioso?¿Cómo que no soy ese que está contando y a la vez lo soy? ¿Serlo todo y a la vez ser una individualidad, indivisible del todo? Las palabras pueden tan solo acercarnos a alguna especie de entrada que se nos presenta para vislumbrar la inmensidad que nos abarca y nos constituye. La inmensidad que queda a su vez tan pequeña ante una inmensidad más inmensa…

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Bueno, y como todas las historias tienen un final…. He aquí otra afirmación de la cual instantáneamente surge la interrogante:¿será verdad que tienen un final, o que un final tiene algún fin?

Supongo que pueden adivinar qué sucedió cuando me encontraba en ese teatro, con cientos de oídos y corazones expectantes, con un público honrando mi presencia allí. Sé que pueden, pero tal vez no elijan hacerlo porque prefieren conocerlo de boca de este piano que las ha pasado todas. Esta historia no tiene un final particular con un determinado fin. Tiene un sinfín de fines, infinitos finales que a la vez son infinitos comienzos. Uno de esos fines, el que por alguna razón elijo relatar a modo de despedida, a modo de decirles hasta la próxima, hasta cualquier momento, simplemente adiós, o hasta “ahora mismo” (sigue siendo un buen título), es el que les contaré.

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En el público se encontraba alguien, no más especial que los otros espectadores pero a la vez muy singular. Ese ser que estaba sentado en medio de la platea sintió, súbitamente, el impulso de subir al escenario cual alpinista experimentado, o acróbata de profesión. En un instante, sin haber molestado a nadie y sin esfuerzo alguno ya se encontraba ahí arriba. Con un salto magistral cual paso de baile de salón de algún otro planeta como por ejemplo Venus, mezclado con algún tipo de danza primal de uno de los satélites de Júpiter, se sentó en la banqueta sin necesidad de ajustar la altura de ésta para que sus brazos estuvieran en la posición perfecta cuando pusiera sus dedos sobre mi teclado. Ya podrán imaginar quién era ese mago. Sí, claro que pueden.

mago 4¿Quién más podría ser? Claro que saben que no puede ser otro. Sé que están sintiendo la emoción de que es, nada más ni nada menos que el mago que estaba dentro de la ballena que me tragó. Aquél que al sacudir su barba mágica de coral y sal marina hiciera que la música me teletransportara al teatro. Por supuesto, seguramente lo sospechaban desde que les contara sobre la posibilidad de haber sido tragado por una ballena, hace ya un buen rato. Es lo que tienen los ratos, en ellos uno puede sospecharlo todo, y es posiblemente porque sospechamos de nosotros mismos. De alguna manera sabemos que no estamos siendo quienes somos realmente y nos espiamos cada vez más, hasta que la verdad se hace evidente.

Sí, ese mago era quien iba a tocarme, pero esta vez no dentro de una ballena sino frente a una increíble audiencia, en un teatro de una belleza celestialmente terrenal y terrenalmente celestial a la vez.

ballena y arco iris

Pero… O mejor dicho, sustituyendo pero por y (ya que estando conectado con todo solo cabe la inclusión), este acróbata que se sentó ante mi no era tan solo ese mago. Ese acróbata que era ese mago era también el dueño de aquella camioneta vieja que me sacó del río.

A su vez era alguno de los seres de otros planetas de la nave espacial que me arregló fantásticamente mientras recorríamos galaxias lejanas.

anciana sabiaSin duda era además, el capitán del buque que navegó los océanos, y claro que era la anciana que escuchaba la misma música que yo, tomando su té de hierbas en su propia dimensión, creada por ella misma.

Por supuesto era el colibrí en cuya ala izquierda volé y el loro en el hombro del niño feliz que interpretó magistralmente a Bach en el globo aerostático. También era el niño feliz, ¿cómo no serlo? ¡Y el mismísimo Bach! Además, el caracolito diminuto que salió expulsado junto con la arena de dentro del mejillón, el cual al ser lanzado por este último, accionó el aparatito atrapado en la red que se enredó en una de mis patas, haciendo que me achicara al punto de no poder ser visto ni con el microscopio más potente.

gato pianistaEra también, el gato que tantas veces había dormido encima mío cuando me sentía tan solo y abandonado y a quien hubiera querido agradecer cuando la correntada me llevaba. ¡El gato!

Era cada uno y era todos. ¿Cómo podía ser todos ese ser que estaba poniendo sus dedos en mi teclado? O tal vez la pregunta debería ser: ¿cómo podría no serlo? El Universo, donde todo está incluido y conectado estaba en él, y también en mi.

En ese estado de contemplación en el que quedé a la orilla del río, luego de haber dejado ir absolutamente lo que alguna vez pude haber imaginado ser, todo se volvió posible. Sin necesidad de pensamiento alguno o de cualquier tipo de acción, un teatro infinitamente más maravilloso de lo que hubiera podido imaginar, repleto con la audiencia más perfecta posible, se desplegó en todas direcciones a mi alrededor. Simplemente se creó, sólo por mi presencia, por mi esencia en el todo.

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Un dios piano, por ponerlo de alguna manera, despertó. Al despertar, es como si ese teatro en que me encontraba hubiera estado allí todo el tiempo y yo en él. Y así, la vibración de un piano libre, un piano creador, sonando al universo y sonando el universo, contrarresta miles de pianos dormidos en bares, escuelas, galpones, casas de remates, despertándolos sin que siquiera se lo hayan propuesto. Así, el sueño de separación y de soledad desaparece.

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Y si a mi despertar, a mi libertad que me reúne a todo, le agregamos la de mi adorado músico, quien también despertó a la multidimensionalidad del Ser al mismo tiempo que yo, pudiendo así ser ese mago y los demás descritos en este relato (además de los que no han aparecido en palabras), este reencuentro de ambos con la energía creadora solo pudo haber accionado el milagro del despertar de todos. Despiertos los dos, confirmamos que nunca estuvimos separados, que todo fue solo un sueño que nunca ocurrió.

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Despiertos los músicos y los instrumentos, la verdadera música ya nunca podrá ser ocultada, silenciada, burlada, falsificada, alterada ni olvidada, pudiendo ser oída por todos por siempre, ya que música somos aquí y ahora. Y podemos también irnos, con la música no solo a otra parte, sino a todas partes, ahora mismo.

Fin sin fin.

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Mariana Ingold ©2018

 


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Peter Rodulfo  walking_throughthe_street_the_other_day__by_rodulfo_dc09lx2-fullview  Peter Rodulfo

logs y keys Alberto Arni

Bìa Truyên Nhūng Bìa Truyēn Nhūng

JAZZ_PIANO_MODERN_ABSTRACT_ORIGINAL_OIL_PAINTING_Mark Kazav BY_KAZAV-1416011003m  Mark Kazav

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tobias fonsecaTobias Fonseca

piano_Dali  piano dali  ART-F435-361-502-807 PIANO DALI Salvador Dalí

piagua   afinieato teclado afiniteado mejorado 2 M. Ingold (Imágenes de internet, “alteradas”)

No conozco los autores de algunas de las imágenes que embellecen esta historia, pero me gustaría.